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SABADO 31 DE JULIO DE 2010, 19:56 HORAS

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08/03/2010 | 15:03 | PV

CITA CON LA HISTORIA

Por Pablo Vignone



La carrera de Turismo Carretera en Balcarce estuvo teñida de un fuerte compromiso con la historia de la categoría, que está haciendo disputar su 69º torneo. La expresión más evidente fue el homenaje a Carlos Alberto Pairetti, el más veterano campeón de TC con vida, que giró bajo una tormenta de aplausos con una réplica del Trueno Naranja, el prototipo Chevrolet construido por Horacio Steven que deslumbró en la segunda parte del torneo de 1968 y que le permitió quedarse con la corona. La cita no fue casual ni inocente: el Gran Premio "Carlos Pairetti" se disputó en Balcarce, una ciudad tuerca que precisó del autódromo en la sierra La Barrosa para recrear el rumor fierrero que había perdido, precisamente, en 1968, año de la Vuelta de Balcarce en ruta abierta, una carrera que ganó, por supuesto, Carlos Pairetti...

El Trueno Naranja no existía cuando el arrecifeño venció en aquella ocasión, el 28 de abril de aquel año, a Dante Emiliozzi. Manejaba, en cambio, un Barracuda-Chevrolet, un coche construido por Vicente Formisano en un taller de San Telmo, en plena Capital Federal. La historia del TC dio un giro radical con aquella carrera, significativamente trágica.

Y ésta que, casi que sin querer, posee un vínculo indisimulable con aquella, descubre con el ganador, Omar Martínez, otro símbolo de homenaje. A Martínez lo asiste técnicamente desde Mar de Ajó Guillermo Kissling, el ingeniero de Olivos que durante mucho tiempo albergó un amargo sentimiento hacia el TC a causa de aquella Vuelta de Balcarce de 1968, en la que su hermano Jorge, el mayor de la familia, el primer campeón argentino de Fórmula 4 (aunque en 1966 se llamara Minijuniors), perdió la vida a bordo de un Torino propiedad de Jorge Cupeiro. Hace rato que Kissling se reconcilió con el TC, y esta victoria modelo 2010 viene a constituir una suerte de sello de esa relación ahora cordial.

Esos lazos de herencia y legitimación suelen ser de los pocos que conectan la muy diferente actualidad del TC con los antecedentes de su historia. Aquella carrera de 1968 fue el primer acto de una serie de desplazamientos técnicos e institucionales que derivaron, dos años más tarde, en la aplicación de la Fórmula A para el TC, el germen inicial del panorama de hoy con cuatro marcas y siluetas que remiten a las carrocerías pergeñadas en la década del '70. Desde entonces, poco queda de aquella forma de hacer TC.

Estaba previsto que aquella Vuelta de 1968 se corriera sobre dos vueltas a un circuito mixto de 342 kilómetros, sobre los cuales se alcanzaron escalofriantes velocidades superiores a los 270 km/h. Pero los accidentes truncaron su realización a la mitad. En el TC modelo 2010, uno de los técnicos más caracterizados de la categoría, Alberto Canapino, pronosticó el sábado que "después de 15 vueltas los autos se van a caer a pedazos", por causa de los cambios reglamentarios impuestos en esta temporada.

Quince vueltas en el Juan Manuel Fangio de Balcarce son algo así como 70 kilómetros, la décima parte de lo que se programó correr en 1968...

El Trueno Naranja no podría haber corrido aquella Vuelta de Balcarce: acaso era demasiado exquisito para aquellos caminos. Pero fue un hito en la evolución del TC hacia lo que conocemos hoy.



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